Juego de ángeles. Almas oscuras III

Juego de ángeles. Almas oscuras III

Juego de ángeles (Almas Oscuras 3): Almas oscuras III (Versión Kindle)


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Detalles del producto

La maldición se ha roto y la única debilidad que mantenía a los vampiros en las sombras ha desaparecido. En pocos días, cientos de renegados comenzarán a tomar las calles y a convertir humanos.
Aunque ese no es el mayor problema al que deberá enfrentarse William. La tregua entre los ángeles se ha roto y no tardarán en declararse la guerra.

 

Prólogo

Le encantaba que su padre cantara aquella canción, con su voz de tenor y ese timbre claro y brillante. Siempre
cantaba mientras conducía. A su lado, su madre agitaba los brazos y movía la cabeza al ritmo de la música sin dejar de
reír. Abrazó a Theo, su conejito, entornó los ojos y sonrió somnolienta a su padre, que la miraba a través del retrovisor.
Doblaron la curva y dos haces de luz cayeron sobre ellos, deslumbrándolos. El grito de su madre le taladró los
tímpanos y el volantazo que dio su padre, para evitar chocar contra el coche que se les echaba encima, provocó que su
cabeza rebotara en la ventanilla. El impacto contra el agua la lanzó hacia delante y su carita golpeó el asiento. Quedó
aturdida y una explosión de dolor le provocó náuseas. Muy despacio, el coche se hundió en el río helado y el interior
comenzó a inundarse con rapidez. El arnés de su sillita se había roto y su cuerpo diminuto flotó por el habitáculo.
El parabrisas resquebrajado cedió y la corriente del río la arrastró fuera del coche. El agua helada le quemaba los
pulmones. Gritó, pero solo consiguió tragar más líquido. Se golpeó contra algo muy duro, quizá una roca o la carrocería
del vehículo, y flotó desorientada unos segundos.
Pataleó con todas sus fuerzas tratando de aferrarse a cualquier cosa en la oscuridad. No había nada, solo agua negra y
fría. Probó a quitarse el abrigo, pesaba demasiado y la arrastraba hacia abajo. No sentía las manos y los botones se le
resbalaban de entre los dedos.
Dejó de resistirse en cuanto comprendió que todo era inútil. A pesar de su corta edad, entendía perfectamente qué le
estaba ocurriendo. Se moría.
Poco a poco se hundió, hasta posarse en el fondo con el último latido de su corazón

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